una raya en el agua
Los de fuera
La delegación de la vigilancia de fronteras otorga al nacionalismo catalán una herramienta de selección étnica
Aduanas identitarias
Rendición y expolio
La clave es la expresión «fuera de Cataluña» (Catalunya en la redacción pactada). Colocada en el primer párrafo del acuerdo PSOE-Junts y a continuación de la palabra «extranjeros», referidos ambos términos a los porcentajes sobre el total de población catalana. Significa que los socialistas ... asumen la diferencia entre los habitantes autóctonos del Principado, los procedentes de otros países y los nacidos en el resto de España. Eso se llama segregación y refleja la idea sustancial de la xenofobia identitaria, que liquida el concepto abierto de «ciudadanos de Cataluña» expresado por Tarradellas como símbolo de la integración y concordia propias de la recién nacida democracia. Casi cinco décadas después, el soberanismo ha logrado abolir las bases de la nación igualitaria.
El sintagma «fuera de Cataluña» podría interpretarse también, pensando mal –y conviene hacerlo tratándose de quienes se trata–, como el destino de aquellos que no asuman o no se adapten la hegemonía del credo nacionalista. Un derecho de admisión reservado de manera implícita a las instituciones autonómicas que van a recibir las competencias –en teoría compartidas– de vigilancia fronteriza. Hay muchas formas de implementar esa exclusión, y una de ellas, la más fácil e inmediata, es la barrera lingüística, convertida desde hace mucho tiempo en requisito básico para optar a cualquier función de índole administrativa. Si el modelo subyacente en el pacto se consolida, la Generalitat dispondrá de una herramienta de selección étnica a su medida.
El pretexto son los inmigrantes irregulares, que los Mozos de Escuadra podrán expulsar 'en caliente' en determinados casos sin esperar resoluciones judiciales. Un privilegio de Estado, dejando aparte las consideraciones morales, del que carecerán otras regiones donde la presión migratoria es más acuciante y cuyos centros de acogida e internamiento se hallan más allá del límite de sus capacidades. El Gobierno se ha comprometido además a aumentar en ocho mil agentes la plantilla catalana de efectivos policiales, mientras faltan guardias civiles para atender la oleada crítica de pateras en Gran Canaria o de narcolanchas en Barbate.
El fondo más grave de la cuestión, sin embargo, es la concesión al separatismo de una herramienta discriminatoria por razones de raza… o de procedencia. Un arma legal reclamada por los partidos de ultraderecha española y europea, que mañana podrá ser usada contra magrebíes o sudamericanos y pasado, contra cualquiera que no cumpla las exigencias de pureza que el separatismo establezca. Sólo desde un cinismo pragmático e irresponsable se puede ignorar la insistencia del nacionalismo en la noción de una sociedad homogénea, base esencial de la reclamación perpetua que la ley en ciernes le deja más cerca. De momento, ya está en condiciones de distinguir entre los de dentro y los de fuera.
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